Incomunicados
Una comedia de pocos minutos sobre dos individuos muy distintos que comparten un mismo problema, su incapacidad de comunicarse.
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Producido por Érica Esmorís * Dirigido por Juan Galiñanes * B.S.O. de Sergio Moure * Guión de Érica Esmorís.
Hasta que los leones tengan sus propios historiadores, en las historias de caza ganará siempre el cazador. (Proverbio africano)
- Ganador de SocialCine 2009.
- En la muestra gallega del Festival Internacional del Cine Pobre de Cuba 2008.
- Seleccionado en Fotogramas en corto.
- Seleccionado en los Mestre Mateo.
- En la sección oficial del Festival Internacional de Villaviciosa de Odón.
- En la sección oficial del Festival de Cans.
- Emitido por el programa Onda Curta de TVG.
- En la red de cortos de Mister Misto.
- En la red de cortos en la calle de Caixa Nova.
- Sección paralela del Festival Internacional de Orense.
El cómo
Incomunicados surgió de una anécdota contada un día de Reyes hace ya dos años.
Trabajaba como veterinaria en Lugo, extrayendo sangre a las vacas para analizar, y desconocía por completo (dentro de las botas de goma) que mi futuro inmediato estaría lleno de Olímpicos.
Meses después precipitaría mi vida en el abismo audiovisual, dejando a un lado las inyecciones y las patadas, y también una economía satisfactoria (a la que echo mucho de menos).
De vuelta a las aulas del MPXA, con las herramientas y la nueva política de subvenciones, aquella anécdota, contada dentro de un museo con cuerpo de mujer gigante, se hizo word y dedos, excel y dedos, copias y sellos.
Y pocos meses después una llamada desde la Xunta me despertó de la teoría.
¿Lo primero? Tener amigos, o tener amigos con amigos.
¿Lo segundo? Tener amigos.
Victoria Pérez Varela, que estuvo presente desde la gestación (literalmente en el útero de la mujer gigante), fue fundamental a la hora de alistar a los profesionales que colaboraron desinteresadamente, tanto del equipo técnico como artístico. Directora de cásting en el sentido más amplio.
Juan Galiñanes, el mismo día de la llamada de la Xunta, y después de un día con cortes eléctricos que propiciaron una interesante mesa redonda a la luz de las ganas, aportó varias ideas sobre el guión y mostró parte de su inagotable energía e imaginación. La dirección era suya. Era increíble cómo tenía en su cabeza todos esos planos.
La pareja que formábamos parecía funcionar. Él más histriónico, yo más comedida, respetando ambos las diferencias y funciones. Teníamos una historia y ambos la teníamos clara.
El proyecto, llegados a este punto, se ramificó. Por un lado estaban Juan Galiñanes, pensando en planos, soñando con planos, dándole vueltas a las secuencias, dándole nuevas vueltas a las secuencias a las que ya le había dado vueltas, y Dani Montero, haciendo un detallado trabajo con el story board. Y por otro lado yo como directora de producción. Vodafone creo que fue el gran beneficiario de este cortometraje.
Necesitábamos colaboradores, tanto profesionales como empresas.
La supuesta imposibilidad de grabar en un tren auténtico de RENFE, que, desde la experiencia, me alertaban los profesionales del campo de la producción, nos había hecho pensar a Juan y a mí, en un primer momento, en construir un aparatoso decorado.
No hizo falta rescatar el buzo verde ni leernos las instrucciones del kit de bricolaje, porque desde los primeros contactos, encontramos en el personal de RENFE, y en especial el de la Estación de A Coruña, a unos estrechos colaboradores. Sin ellos estoy segura habría sido imposible hacer Incomunicados.
La misma disposición la recibí de BOKETÉ, GADISA y Coca-Cola; ayudándonos generosamente con sus fabulosos catering y bebidas. Esos días de jornadas larguísimas se veían recompensados por esos momentos de comunión con nuestra parte más serrana.
Sólo me faltaba el consentimiento de ADIF. Teníamos el tren pero no las vías.
Dos días antes y con RENFE apoyándonos conseguimos contar con ADIF Madrid.
El equipo de reclutados resultó ser un combinado muy eficiente pero heterogéneo en experiencia. Cómplices de máster, amigos y amigos de amigos, compañeros de productora y profesionales del audiovisual de larga trayectoria.
Fueron frecuentes las reuniones en el interior del tren en la preproducción con los dos grandes fichajes técnicos, Caamaño Castro y Ramiro Devesa. Ambos, encargados de la iluminación y dirección de fotografía, aportaron su experiencia realizando un trabajo impecable.
Sofia Aldatz, nuestra directora artística, licenciada en bellas artes y con dos sendos másteres en Producción y en Dirección Artística, se encargó no sólo de la dirección sino del atrezzo y vestuario. Plancha incluida.
La noche antes del primer día de grabación, Juan Galiñanes, Iria Castro, la ayudante de dirección, y yo, en mi casa, tragamos saliva ante el reto que teníamos delante, en el story, 150 planos en dos días y cuarto.
A las 17:00 del día 8 de septiembre los equipos de producción y dirección nos reunimos en la Estación de trenes. Lo primero fue cubrir por completo un vagón con unos cuantos kilos de telas negras para controlar la luz en el interior del tren y poder jugar con las ventanas convertidas, con la oscuridad, en espejos.
Rocío Bello, Illa del Castillo, Raquel López y Ana Varela formaban el equipo de producción. Y les tocó hacer de todo, desde ser parte de la figuración (a Raquel y a Illa se las ve durante todo el corto), ayudar a filtrar luces, pegar y despegar telas a hacer de claquetista, y en general, de todo, todo útil y todo a tiempo.
El día 8, después de una jornada dura de preproducción inmediata, grabamos los planos que teníamos fijados para ese día, los que correspondían a Victoria Pérez Varela. Y creo que la sensación fue de bocanada de aire. Si seguíamos con ese ritmo podríamos grabar los 150 planos en los siguientes dos días.
Grabar en el interior de un tren resultó muy cómodo. Además de controlar por completo las condiciones de grabación, permitió hacer de cada vagón un oportuno y amplio set. Contábamos así con el largo vagón de grabación, con el vagón de vestuario, con el vagón de maquillaje y con el de descanso y canapés. Y aunque los dos sonidistas Jorge G. Colado y Leticia Canzobre necesitaron para hacer su trabajo apagar por momentos el aire acondicionado, gozábamos de unas condiciones privilegiadas.
Tan sólo dos inconvenientes, la poca movilidad que la disposición de los asientos permitía al operador de cámara, y que no fue problema para un Caamaño Castro contorsionista, y que el tren, como un coche, tiene batería y no puede permanecer mucho tiempo encendido, por lo que teníamos un horario rígido.
El sábado 9 fue maratoniano. Grabábamos con los tres actores, Luis Zahera, Pedro Brandariz y Victoria Pérez Varela con un objetivo de 80 planos.
Un fallo a la hora de convocar a los figurantes (Manu Fernández, Marta Patiño, Paula Prieto, Mari Leido, Ramiro Valiño, Jose Luis Gutierrez, Jose Ortuño, Chus Álvarez) hizo que tiráramos de los que allí estábamos. Y así Carol Varela, nuestra profesional maquilladora y peluquera y las chicas de producción se cansaron de trabajar delante de la cámara.
Juan Galiñanes y yo habíamos hablado con los dos protagonistas por separado, explicándoles la historia, cómo la veíamos y qué queríamos de sus personajes. Verlos juntos impresionó a todo el equipo. La pareja Zahera-Brandariz era insuperable, y los dos, bajo las órdenes de Juan Galiñanes, trabajaron como los dos monstruos de la interpretación que son.
La función de la script fue muy importante en una dirección con tanto plano. Katia Fraguela no quitaba ojo del monitor. Con la ayuda de Sofia Aldatz y de producción evitamos lamentables fallos. El principal problema era los Olímipicos. Los planos no fueron grabados cronológicamente y teníamos que estar pendientes de que en el paquete se vieran la cantidad de Olímicos correcta. Más de treinta paquetes fueron necesarios.
Apenas descansamos. Tan sólo un momento para estirar las anquilosadas piernas y saborear el delicioso catering. Xabi Romero , con su cámara espía, se encargó de inmortalizar prácticamente cada minuto trascurrido, y así en sus más de mil fotos plasmó las ganas de todo un equipo cada vez más ojeroso.
Esa noche dormimos poco porque, aunque habíamos cumplido el objetivo, nos esperaba otra jornada intensa, y esta vez con exteriores.
Rocio, que se había venido desde Madrid a echar una mano, fue ayuda indispensable, tanto en sus labores en producción, como en su apoyo moral a una productora que por momentos le superaba ese enorme tinglado que había montado.
El domingo, agotados, después de esa jornada y cuarto tan intensa, el rendimiento caía a cada hora que trascurría.
Juan Galiñanes (junto con nuestros dos veteranos) hizo acopio de energía y con una magnífica dirección de actores y con los 150 planos presentes (apenas echaba un vistazo al story) hizo del proyecto de Incomunicados una realidad.
A las 12 de la noche del día 10 de septiembre se grabó el útimo plano en el andén de la Estación, mientras parte del equipo, con un encantador refuerzo, nuestro dsitribuidor de aguas, Serafin Tilve, comenzaba a recoger los vagones. Agotados, sin palabras, pero satisfechos por haberlo conseguido, quitamos telas, limpiamos el suelo lleno de migas y trozos de Olímpicos (y otros pegotes de desconocido origen), quitamos filtros, focos, dividimos materiales y cenamos por última vez, todos juntos, de pie en nuestra vía.
Lo que en un principio era un imposible se lo llevó Caamaño Castro en las seis cintas HD.
¿Anécdotas de grabación? Por ejemplo la visita del cuerpo de policía al tren alertado por unos vecinos con problemas de hiperacusia grave o el descubrimiento del botón de la cabina del maquinista en la que se lee “Botón de hombre muerto”, justo al lado de los mandos (inquietante).
La postproducción la iniciamos una semana después de la grabación del último plano, y es que Juan Galiñanes hacía doblete al frente del montaje y la postproducción. Aunque David López le echó una mano y Jorge G. Colado se encargaba del tratamiento del sonido, Juan se pasó noches enteras en vela trabajando con un ordenador prestado y haciendo malabarismos con todos esos planos. Con minuciosidad desquiciante hacía, deshacía y volvía a hacer, y después del montaje final, y no contento con su insomnio, se atrevió con unos créditos guerrilleros y de resultado impecable.
Contamos además con una banda sonora de auténtico lujo a cargo de Sergio Moure, que con unas anotaciones difusas previas a la grabación y con un premontaje consiguió que, como dice Rocio, la música fuera un personaje más, y durante toda la duración del cortometraje.
Incomunicados surgió de una anécdota y de un montón de amigos con muchas ganas






no se acaban nunca los olimpicos?… muy bien el ruidillo de cochinillo del gloton
no sean payasos y ponganse a estudiar